“Dios nos da tanto amor, que podemos compartirlo con varias personas” | Cristianos en relaciones abiertas

Esta mañana Juan* se despertó muy temprano para ayudarle a su esposa Mónica* a alistar sus maletas, ya que el vuelo a Punta Cana despegaría antes del medio día. Mientras su pequeña corría por todo el lugar, jugando y cantando; la mujer revisaba su lista de pendientes para que no quedara nada sin atender, este será un gran fin de semana. Esta pareja del Distrito Federal en México*, tiene más de veinte años de casados y una hermosa hija, quien vino a alegrar sus vidas luego de intentar por mucho tiempo quedar en embarazo sin éxito, pero con un fallo a favor de su solicitud de adopción.

Sin embargo, las mini-vacaciones esta vez no serían como otras que suelen tomar regularmente. En esta oportunidad, Mónica va a disfrutar de un caribeño fin de semana con su novio Camilo*. Esta pareja decidió abrir su matrimonio hace alrededor de cuatro años y desde entonces han despertado a “un nuevo nivel de confianza y comunicación”, como expresa Juan.

Su historia está llena de anécdotas y procesos que los han traído hasta aquí. Teniendo una importante tradición evangélica, abrazaron desde muy jóvenes el fundamentalismo cristiano y se casaron bajo los principios morales de su iglesia. Con el pasar del tiempo, Juan recibe un llamado ardiente al pastorado y es así como acepta su ordenación ministerial, comenzando a desarrollar tal llamado sirviendo como pastor en una comunidad también evangélica. Pero al caminar las veredas ministeriales y el estudio teológico, las preguntas comenzaron a venir a la mente de este docente mexicano, quien atendiéndolas inició un proceso de deconstrucción y nuevo aprendizaje, el cual le dieron tanto a él, como a Mónica, nuevas perspectivas, no solo en cuanto al ejercicio eclesiástico, sino a sus propias vidas.

Siguiendo la ética que surgiría tras su nueva búsqueda, este matrimonio decide dejar de lado el ministerio, renunciando al pastorado en su iglesia local. Sin embargo, tal como reza la creencia cristiana que sostiene que el llamado es irrevocable, ellos continúan sirviendo a diversas comunidades, a través de redes sociales y por medio de talleres, consejerías, acompañamientos y reflexiones teológicas.

***

“Llegó el momento en que comenzamos con tratamientos de embarazo, para eso había que hacer de todo, incluso dejar de tener relaciones sexuales por períodos largos para aprovechar los días fértiles. En ese tiempo nuestros encuentros dejaron de ser la fiesta que eran para convertirse en un deber. Una noche hace más de doce años, escuché a Mónica teniendo una conversación erótica por teléfono con alguien que había conocido por internet. Lo platicamos, me habló de su necesidad y yo vi que habíamos estado más distantes en el aspecto sexual por concentrarnos en los tratamientos. Lo dejamos pasar, hablamos de perdón, ya que en ese momento nuestro entendimiento era el de relación monógama, fiel, y ella se enterró en sus haceres y deberes”, cuenta este influyente profesor, quien ya habiendo cuestionado muchos de los dogmas con los que había crecido, pudo entender la situación de su esposa y esto le dio herramientas para no señalarla ni condenarla.

Así, poco a poco algunas acciones les fueron dando indicios sobre su futura decisión conyugal. “Después hubo un período en el que tuvimos una amiga viviendo en nuestra casa, y aunque nunca sostuvimos relaciones, yo me sentía atraído por ella. Era muy cariñosa y podíamos estar los tres en la cama viendo TV, o platicando; sin embargo nuestra formación cristiana no nos dejó ir más allá. El detonante de la vuelta al tema quizá fue cuando ambos estábamos fuera de la iglesia y a ella le comenzó a coquetear un cliente de la empresa en la que trabajaba, en ese momento fue cuando replanteamos todo y hablamos de los casos hipotéticos”, explica.

Según el fotógrafo y diseñador Carlos Gonzalez, ex pastor cristiano, también mexicano y quien vive una relación abierta de poliamor, el que una persona pueda reconocer en principio que se siente atraído por otras aparte de su pareja, pueda asumirlo y conversarlo con su cónyuge; lo lleva a estar a un paso más cerca de poder vivir en libertad y considerar prácticas como relaciones abiertas, las cuales muchos otros sostienen pero bajo la infidelidad y el engaño.

“Personalmente creo que en las relaciones extramaritales / adulterio lo que más duele es el engaño, el saber que la pareja creyó que su cónyuge le consideró tan poco inteligente como para no darse cuenta”, manifiesta Juan, quien coincide con algunas posturas psicológicas que sostienen que hay una diferencia entre la infidelidad y el engaño, siendo este último el más dañino en casos de adulterio, pues es en este escenario en el que se resquebraja la confianza desde la mentira, la manipulación, la desconsideración, y por consecuencia, el dolor. Pero si estas cosas se conversan en pareja y se llegan a acuerdos, no hay engaño ni mentiras, sino unidad, lo cual disminuye las heridas sentimentales.

Según una investigación adelantada por el sociólogo William Allman, más del 90% de las personas casadas, en algún momento de sus vidas se han visto involucradas en determinado tipo de relaciones sexuales, amoríos o romances fuera del matrimonio, sean de orden sexual o sentimental, incluso, de una sola noche. Así mismo, varios estudios publicados por Religious Tolerance [1], muestran que los índices de divorcio entre parejas ateas y creyentes son los mismos en los Estados Unidos; la mayoría de estos por infidelidad.

En ese sentido, movimientos que promueven el poliamor o las relaciones abiertas, manifiestan que la infidelidad y el engaño son comportamientos humanos muy frecuentes, casi imprescindibles, pero que prefieren vivirse desde el anonimato o la clandestinidad para conservar una doble moral en medio de la sociedad. Sin embargo, según sus postulados, el asumirlos y hacerles frente podría traer libertad y lograr que las relaciones sentimentales o sexuales puedan vivirse plenamente.

“Sin dudas, para nosotros en un principio esta posibilidad sí generó una suerte de disonancia cognitiva entre nuestros dogmas evangélicos y la posibilidad de vivir una sexualidad y relaciones amorosas libres. Sin embargo, esto es más en el aspecto de la formación religiosa que en lo espiritual. Me explico. A mí como varón, me resultan atractivas algunas mujeres, eso socialmente es aceptado y hasta esperado; lo curioso es que cuando hablamos de la libido de una mujer pareciera que debe ser distinta a la del hombre. Si despojas el discurso cristiano del machismo que lo envuelve, te encuentras con que ambos somos iguales delante de Dios, pero vemos montones de pasajes en los que no es así: Los patriarcas pueden tener muchas esposas y concubinas, pero no se espera eso de las mujeres. En el caso de la mujer que llevan delante de Jesús porque fue encontrada en adulterio, pues, hasta donde yo sé se necesitaba de uno más para entender que estaba adulterando y al tipo no lo llevaron junto con ella. Nuestro cristianismo está impregnado de eso, el hombre puede dar carta de divorcio en el discurso de Jesús, pero no la mujer, muy seguramente por la cultura en la que Jesús estaba”, comenta Juan, quien sostiene que una lectura bíblica desde contextos sociales contemporáneos no necesariamente condena las relaciones abiertas.

Para cerrar su explicación argumental añade, “Si leemos las escrituras encontramos que el cumplimiento de la ley es el amor. Dios ama y cuando nosotros amamos, entendiendo el amor como la búsqueda de la realización del otro; las tradiciones, normas y leyes de nuestra cultura heteropatriarcal, bíblica y capitalista, quedan en segundo término. Cuando hablo de matrimonio abierto e incluso de poliamor, no me refiero a relaciones sexuales exclusivamente, sino de personas que nos llegamos a complementar de una forma u otra, y buscamos amar y ser amados. Entiendo que la gente quiera ver todo en el mismo paquete, porque por formación nos enseñaron que las relaciones fuera del vínculo matrimonial son pecado; sin embargo, nos negamos a ver que el matrimonio desde el punto de vista humano, no es más que un acuerdo de bienes materiales, sociales, políticos y una forma en que las personas protegían su patrimonio, ya que el matrimonio por amor es realmente reciente. Cuando Dios ve al hombre dice para sí: no es bueno que […] esté solo. Y nosotros interpretamos a Adán y Eva como el primer matrimonio, cuando en realidad eran pares, compañeros, ayuda. Una forma de entender esto, es que Dios existe como una unidad en amor; es el pecado el que trae división entre él y los hombres, y es el mismo pecado el que hace que Adán escupa unas terribles palabras: «la mujer que tú me diste» como si Eva le fuera ajena. Así que, si hablamos de creencias cristianas como las normas sociales y culturales que hemos construido, sí hay disonancia; pero si hablamos de creencias cristianas entendiendo que el amor excede todo conocimiento, no hay disonancia”, comenta.

En este sentido, el teólogo colombiano Juan Esteban Londoño coincide cuando explica que los matrimonios cristianos actuales no son ni sombra los bíblicos, los cuales no se realizaban basados en valores contemporáneos como el amor o el enamoramiento, sino que estos obedecían a intereses económicos, políticos y sociales entre las familias que pactaban dichas uniones con el fin de fortalecer los clanes y obtener beneficios monetarios y de bienes [2].

En el caso de Juan y Mónica, su decisión no se vio impulsada por alguna infidelidad dentro de su matrimonio o algún momento determinante en detrimento de su relación, sino que comenzaron a considerar esta opción de vida tras el constante diálogo y conversaciones alrededor de casos hipotéticos. “Una vez que hubo acuerdos sobre abrir el matrimonio, los encuentros se fueron dando. En mi caso, mi primer relación después del acuerdo fue con una amiga que conocimos en otra ciudad con la que platicábamos muchísimo sobre temas de educación y yo sentía que le resultaba atractivo, así que le hablé del acuerdo que teníamos como matrimonio con Mónica y le pregunté que si se llegaba a dar la ocasión le gustaría que nos tratáramos en otros términos y ella accedió. En el caso de mi esposa; por cierto, este no es un término que nos guste usar; ella coincidió con su novio por redes sociales y comenzaron a platicar hasta que acordaron tomar las primeras vacaciones juntos. Ella ha tenido un par de encuentros con otras personas, sin concretar relaciones y yo he estado con mi ex, a quien visito, la cual no es la misma con la que hablábamos de educación y también me he relacionado con una ex-alumna”, comparte.

Carlos Gonzales explica a través de algunas infografías de su autoría, los diferentes escenarios en los que se pueden desarrollar relaciones monógamas, abiertas y de poliamor [3].

Sin embargo no todo es color de rosa. Como en cualquier relación humana, los conflictos pueden llegar a estar presentes en medio de relaciones abiertas y de poliamor. “Mi esposa suele decir que yo no tengo problemas de compersión; ella ha tenido sus episodios de celos. Creo que los celos son la reminiscencia de toda la cultura machista que nos rodea. Existen sí, pero no son algo animal, sino más bien algo aprendido. Lo cierto es que cuando puedes hablar abiertamente de lo que sientes, puedes expresarte sobre lo que te hace estar cómodo o no y sobre todo, de tus sentimientos”, manifiesta mientras explica que esos celos se hacen evidentes sobre todo en temas de tiempo. Se experimentan cuando se dedica más de él, o incluso recursos como los económicos a la otra relación y no a esta. Otro problema que puede llegar a presentarse en medio de este tipo de relaciones, es la vulnerabilidad que puede presuponer el sentirse comparado o comparada con las otras parejas del cónyuge.

Para Juan y Mónica, de las cosas más difíciles de su estilo de vida relacional, ha sido poder compartir su decisión libremente con cada una de sus familias, pues temen por las reacciones que puedan generar las tradiciones religiosas y morales de ellas. Sin embargo, su estilo de vida puede ser reevaluado en cualquier momento por ellos, e incluso volver a la monogamia si fuese necesario con el fin de mantener su unión matrimonial, ya que ellos son entre sí, la relación principal.

Por ahora, su pequeña hija no está enterada de la opción de sus padres, sin embargo es un tema que se irá abordando poco a poco, a medida que avanza su crecimiento y así como en cuanto a su adopción, llegará el momento en que el diálogo lo explicará todo. Mientras tanto, ella ha tenido contacto con las otras parejas de sus padres, con quienes hay una relación de cordialidad.

 

Por: David A Gaitán
Twitter / @dabycito
Facebook / @DavidGaitanR

 

*Los nombres y lugares fueron cambiados a petición de los protagonistas para proteger su identidad

 

Referencias:

[1] Consultado en Octubre de 2017 de: http://www.religioustolerance.org/chr_dira.htm

[2] Consultado en Julio de 2018 de: http://locademiadeteologia.org/2017/01/16/serie-sexo-virginidad-matrimonio-una-destruccion-teologica-parte-1/ 

[3] Consultado en Junio de 2018 de: https://twitter.com/elsamurai/status/965120421870931968

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