¿Por aspersión o por inmersión?

Mientras los teólogos siguen la disputa sobre cómo es el bautismo, que si por aspersión o inmersión, que si en el nombre de Jesús o del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; que si de bebés, niños o en la adultez; que si con agua bendita, en la piscina o en el río… Una famila en un pueblo apartado en medio de la geografía colombiana trae a su pequeño ante al bautisterio.

Son pobres como sus vecinos y como los millones de campesinos que viven sus vidas en los lugares más apartados del pais, pero quienes no esperaban que mientras recogían la cosecha de mangos de la pasada temporada, un zancudo les contagiara la nueva enfermedad.

Fiebre, malestar, vómito y dolor de huesos, de esos tan fuertes que no permiten que quien padece la afección pueda, literalmente, ponerse en pie; eran los síntomas más amables, pero el peor se acomodaba para dejar rastros hasta la siguiente generación.

Chikungunya es el nombre con el que se conoce al nuevo vecino que se encuba en los cuerpos tropicales de los pobladores de estas tierras y que deja a su paso la marca de la desesperanza. Él y su primo hermano zika, ambos parientes del dengue; los tres viajeros escondidos en las entrañas de los insectos.

Mientras el ministro religioso de turno impartía los oleos y ministraba el Sacramento, la familia fortalecía su esperanza, es todo lo que queda. El infante, frente al bautisterio simplemente eleva los ojos al cielo, no llora, no parpadea, no mueve un músculo; la microcefalia le ha robado la niñez, la candidez, la alegría, e incluso el llanto característico en este tipo de rituales.

Hace unos meses atrás, cuando la madre había concebido y estaba ‘trepada’ en el palo de mango, el mosquito maldito la contagió. Los dolores del cuerpo fueron insoportables, aunque un juego, paradójicamente, de niños, comparado con el dolor del alma al enterarse las consecuencias de la enfermedad en su futuro bebé.

Esos doctores de la capital, los que estudian los muertos para curar a los vivos, les dijeron que el pequeño no sobreviviría. Nadie crece para contarlo. Al cabo de unos meses, después de nacer, habría que despedirse de él en medio de un funeral.

Pero hoy, mientras se espera aquel fatídico día, el agua bautismal corre por la cabeza de este pequeño, a quien reconocen como ‘angelito’, ‘santo’, ‘criaturita’ y ‘bendición’; pero a quien también a partir de este momento, y a través del humilde acto, se lo recibe como parte de la familia del Señor.

Que los teólogos sigan exponiendo sus posturas, construyendo sus tesis y apologetizando sus sanas doctrinas. Sonrientes estos campesinos para la foto, encontraron su salvación… ¡Bendito sea este, el día del Señor!

Por: David Gaitán
Twitter / @dabycito
Facebook / @DavidGaitanR

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s