“El Evangelio perdido de Jesús”, Ulises Oyarzún – Reseña

“Les presento El Evangelio Perdido de Jesús, menos mal que yo lo encontré”, palabras más, palabras menos, recuerdo haber leído del autor de este libro, con el humor que siempre lo caracteriza. Un aspecto protagonista en la vida y discurso de Ulises Oyarzún, un inquieto teólogo chileno, ahora pastor en la ciudad de Monterrey, México.

Después de leer su obra, quise tomarme algunos momentos para pensarla y poder compartir con mis lectores ciertas impresiones al respecto. Pero particularmente se me dificulta separar el libro de su autor, por eso la referencia al humor de Ulises, el cual, yo diría, está presente por lo menos el ochenta por ciento de su vida.

Y esto tiene que ver con cierta inconformidad que experimentaba cada vez que lo veía en algún escenario evangélico contando chistes, disfrazado de Biblia o haciendo algún stand up comedy. No quisiera ser malinterpretado; esto no quiere decir que personalmente condene cualquier tipo de expresiones culturales o humorísticas en escenarios litúrgicos y eclesiásticos. No, al contrario. A mí me gusta que se den estos espacios dentro del quehacer teológico y de fe; más bien esta molestia se presentaba porque en mi mente golpeaba la pregunta, ¿Qué está haciendo este tipo tan brillante ahí, contando chistecitos, cuando lo que tiene para decir es exponencialmente más interesante?

Porque yo quería ver y escuchar a Oyarzún hablando de teología, haciendo reflexiones discursivas o enseñando algo de lo mucho que ha aprendido y comparte con especial creatividad a través de ensayos, entradas de blog y redes sociales. Porque ante todo, Ulises es un comunicador; pero no como cualquiera, sino que tiene la particularidad de transmitir en palabras sencillas las profundidades de las ideas filosóficas y teológicas que se propone presentar.

Pocas personas le acompañan al momento de ostentar tal habilidad, ¡Ojalá yo fuera una de ellas! Sin embargo, su discurso es tan ameno y claro, que sin dudarlo un segundo, puedo afirmar que ha influido a miles de personas en nuestras tierras latinoamericanas a través de sus letras. Yo aprovecho para excusarme, y aunque no debería hacerlo, no puedo evitarlo, así como me es imposible no hacer referencia a estos aspectos cuando de un autor que conozco personalmente se trata, y sobre todo, cuando las cualidades de este (ya no tan) joven escritor influyen tanto en sus productos editoriales.

Así que a esta altura, mejor dejo de lado la idea de presentarles una reseña del más reciente libro de Ulises Oyarzún y les comparto una reseña del mismo autor. O de lo que conozco de él, y lo que me ha transmitido en su discurso verbal y escrito. Verbal, gracias a la magia de youtube recientemente; pero también porque la vida un día nos hizo coincidir en mi natal Bogotá, mientras él atendía una convocatoria de Especialidades Juveniles en la ciudad y me aceptó la invitación a un café, a una charla y a pasar un rato conversando en el marco del Instituto Bíblico de la Casa del Árbol de Almendro Bogotá, la iglesia en la que por la gracia de Dios, puedo moderar algunas conversaciones.

Entonces mis dudas con respecto a su capacidad comunicativa, académica y teológica fueron dispersadas y confirmé lo que ya sabía. Ulises es un fenómeno, un individuo que logró entenderle, o por lo menos interpretarle, a los filósofos más complicados sus ideas y trasladarlas a lenguaje que cualquier ciudadano de a pie pueda comprender. Escucharlo fue liberador.

Después de la tusa, como le decimos aquí en Colombia a aquella sensación de nostalgia que queda cuando alguien querido se marcha y sólo deja sus recuerdos; caminando en alguna librería de la fría y lluviosa ciudad, me encontré con su primer librillo, “Jesús fuera de la religión”. Una bellísima compilación de relatos y teoficciones alrededor del Maestro de Galilea, relecturas de un Jesús cotidiano, de jeans y camisa, que va en el subte al lado de cualquier ciudadano latinoamericano en nuestros agitados días.

Y volvía a la inmensidad de la red de internet; para encontrarme otra vez con sus chistecitos plagando los canales de Youtube y decenas de entradas de blog, con las que me nutría y me ayudaban mientras caminaba de a poco a un acercamiento mayor a aquel Jesús de los evangelios. Y allí estaba yo, queriendo escuchar más y leer más.

Así, un buen día; después de encontrar el Evangelio perdido de Jesús, se decidió a presentárnoslo a través de esta maravillosa obra, la cual, como buen libro de su naturaleza, es apenas un primer acercamiento a lo que pueden ser profundidades de teología relevante para la iglesia y los individuos que la componen en nuestros días. Nótese el orden.

En las lineas de este producto editorial, el autor se arriesga a sumergirse y hacer lo propio con el lector, en las inmensidades de algunas doctrinas cristianas que bien valen la pena revisar y cuestionar. Lo hace de manera amigable, espontanea y sencilla; expresando los principios que quiere destacar, algunas veces a través de diversos recursos literarios para embellecer sus ideas, como la poesía y la metáfora.

Así que el lector va a encontrar relatos, diálogos, ensayos y reflexiones en un solo documento. Con El Evangelio perdido de Jesús, se me hizo el milagrito de ver a Ulises hablando de lo que sabe y le apasiona, teología. En esta obra presenta referencias bibliográficas pertinentes para constatar sus ideas o ampliarlas, hace aportes históricos y hermenéuticos sobre los diferentes temas, pero sin caer en el aburrimiento de los densos libros academicistas.

Se convierte entonces esta en una herramienta para acercar a los creyentes del común del cristianismo y sus divergencias, a la teología cristiana académica; ya que lamentablemente en Latinoamérica es mucho más común de lo deseado, encontrar que los Institutos Bíblicos de las iglesias locales en realidad ofrecen reflexiones teológicas, en vez de estudio de teología en sus aulas.

Cada apartado y cada título está bien documentado, y si se lo lee con atención, representa una riqueza y divergencia con respecto al discurso cristiano tradicional, que como mínimo invitará a la reflexión y al cuestionamiento. Es un libro que todo amante de las Escrituras deberá leer para ampliar su espectro de entendimiento con el Jesús de los evangelios.

Un último aspecto a destacar, es el revelado por el autor del prólogo, Adrian Roberto Romero; quien encontró en las lineas de El Evangelio perdido de Jesús, una descripción política del Jesús histórico, el cual no deja de ser atrayente. A propósito, este libro es tan bueno, que hasta el prólogo es atrapante (buenas noticias para quienes acostumbran saltarse las páginas introductorias de los libros).

Así, y a manera de chiste, como le gusta al señor Oyarzún, este libro sería como un resumen literario e ideológico de mentes brillantes de la teología contemporánea como Pikaza, Pagola, Gonzalez, Piñero, Crossan, Cullman y otros caca’os. A propósito, Ulises: Deja de compartir apartes de tu libro en facebook, ¡La gente está súper entusiasmada a apoyar a nuevos escritores comprando sus obras!

Por: David A Gaitán
Twitter / @dabycito
Facebook / @DavidGaitanR

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2 comentarios en ““El Evangelio perdido de Jesús”, Ulises Oyarzún – Reseña

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