¿Girará el evangelicalismo hacia el progresismo? Análisis con Alvin Góngora

A pesar que en tiempos recientes la iglesia evangélica en Latinoamérica y Estados Unidos está muy inclinada hacia ideologías de derecha, por un lado; por el otro, son cada vez más voces dentro de ella, las que se levantan para hablar un mensaje cristiano-progresista, socialista, e incluso de izquierda.

Las primeras luces de ello se gestaron justamente dentro de la iglesia Católica de Roma, a través de la Teología de la Liberación, la cual poco a poco fue siendo abrazada por sectores protestantes y escenarios académicos en países hispanohablantes. Luego, a través del movimiento emergente en Norteamérica, temas sociales y humanistas llenaron las agendas de algunos pocos círculos teológicos, y nuevamente, académicos. Pero como movimiento, el emergente desapareció, dando paso al pensamiento progresista cristiano en todo el mundo, tocando, por supuesto el continente Americano.

Discursos que buscan materializarse en la praxis eclesiástica son poco a poco más comunes en la periferia del evangelicalismo, pero que a través del ruido que producen, han llamado la atención a ciertos individuos en medio de la gran masa religiosa actual. Este ruido ya ha inspirado libros, podcast, estados en redes sociales, artículos y comentarios en los pasillos de los templos, en medio de una timidez que los oculta, pero no los desaparece.

Por eso quise hablar con el teólogo especializado en lenguas y humanidades, Alvin Góngora, para tratar de discernir si lo que se está comenzando a gestar puede llegar a repercutir en medio de una iglesia que se muestra cada vez más decidida a defender valores conservadores y a apoyar líderes políticos como Álvaro Uribe y Donald Trump.

Directo al grano, ¿El cristianismo en algún momento abrazará el progresismo?

Por lo pronto, con la derechización del continente, no se avizora un cambio en el discurso apostólico, pero si esos vientos se mueven, pueden cambiar de posición dependiendo de hacia dónde se dirige la fuerza del consumo, los apóstoles podrían migrar hacia retóricas progresistas, siempre y cuando haya una masa humana con capacidad de adquisición que pueda ser capturada para sus tiendas.

En la medida que, por las mutaciones de los fenómenos sociales, se produzcan remolinos tales como:

A. Una profundización del despoblamiento de las iglesias cristianas por la banalidad del discurso cristiano dominante.

B. Con ese despoblamiento, una fuga de los bienes de consumo (merma en las ofrendas & demás ingresos).

C. Una toma de conciencia por parte de los exponentes del universo retórico cristiano de que la capacidad de consumo se orienta a respaldar iniciativas progresistas.

Junto a esas mutaciones hipotéticas, podría darse una profundización del dogmatismo progresista, lo cual ya está en curso. Es decir, el actor social progresista, debidamente dogmatizado, puede encontrar un terreno familiar en la carpa tradicionalmente dogmática que caracteriza a entornos tales como los de la ola apostólica. Por otra parte, los avances sociales de las minorías emergentes, especialmente las sexuales, pueden generar un mercado de difícil resistencia para un conservador tradicional. El discurso fundamentalista ofrece seguridad, un becerro de oro ante el cual suelen capitular los iconoclastas más enconados.

¿Pero alguno de esos escenarios es posible?

Sí. En Colombia, por ejemplo, ya hemos tenido algunos atisbos: Sectores populares con el uribismo, un exguerrillero en las filas del Centro Democrático, la dictadura de Maduro, el proteccionismo de Trump (que favorece al movimiento sindical gringo), Ricardo Rodríguez que se distancia políticamente de sus pares, El Lugar de Su Presencia que, manteniendo un discurso homófobo, le da cabida a miembros de la comunidad gay (quizás a la espera de tiempos propicios para salir del armario como institución), y voceros de las resistencias que ocupan la tarima a medida que se incrementa su capacidad de consumo (el Partido Verde, por ejemplo).

Esas mutaciones suceden, sólo que a veces no las percibimos tan fácilmente. Un ejemplo; estaba yo en mi fervor mamerto, cuando se dio lo del pacto comercial entre México, Estados Unidos y Canadá. Formé parte de quienes nos opusimos con el alma a ese Tratado de Libre Comercio. Eso arrancó en los noventa.

Resulta que ahora Trump lo quiere desbaratar… ¡Y con los mismos argumentos de nos, los mamertos! Pero ahora uno estaría en contra de Trump. Lo que están haciendo Trudeau y Enrique Peña Nieto para rescatar ese pacto, ahora le suena a uno más democrático que el proteccionismo de Trump, proteccionismo que siempre ha estado en la agenda de los mamertos. ¡Cójame ese trompo en la uña!

El asunto es que las jodas sociales, políticas y demases, sufren tantas modificaciones que de repente se ve uno compartiendo la cama con su rival más enconado. Cuando yo era niño era impensable que el nazismo se pudiera promover tan abiertamente como ahora. Este es sólo otro ejemplo.

Una razón es que los mismos arquitectos del neoliberalismo se han dado cuenta de la embarrada que se inventaron. Ahora están proponiendo, como cosa de ellos, como si fuera algo nuevo, el impulso a las producciones nacionales, que fue lo que trajo algo de prosperidad por estos pagos. Cómo serán de voltiarepas, que hasta la misma directora del Fondo Monetario Internacional, misiá Lagarde, anda agarrada de las mechas con su más predilecto alumno, don Macron, porque ella insiste en que se le deben aumentar los impuestos a los ricos. ¡Eso es blasfemia! El FMI fue precisamente el que impulsó la merma de impuestos a los ricos… Señales antes del fin, supongo yo.

Pero volviendo al tema de la fe, ¿Cómo podrían ser sostenibles esos discursos progresistas, máxime cuando hoy día, como usted menciona, el pentecostalismo está tan recostado hacia la derecha?

Fue el neoliberalismo el que nos acostumbró a que la falta de coherencia es la marca de presentación del establecimiento, o lo que uno identifica como la derecha. El neoliberalismo se fundamenta en la falacia, y parece no importarle. Ahora su caballo de batalla, el FMI, revierte el discurso y pide, como dije anteriormente, que se grave con impuestos a los ricos, sin que haya mediado autocrítica alguna.

A Uribe no le afecta en lo más mínimo la falta de coherencia. Tampoco a Trump. Los menciono por ser ellos los referentes del pentecostalismo recalcitrante. De la misma manera, un apóstol no se ve afectado porque se denuncien sus excesos. La preocupación por un discurso sostenible es cosa de los irreverentes. Entonces, un conservadurismo duro puede adoptar posturas progresistas sin sonrojarse. El problema ahí va a ser para nosotros: ¿Cómo deslindarnos de esas “coincidencias”?

¿Por qué la base social lo aceptaría sin cuestionar?

Me va tocar volver a repasar los aportes de la Escuela de Frankfort en cuando a la conformación de la opinión. Los medios juegan un papel de adocenamiento, pero también entran en juego las aspiraciones de comunidades e individuos que, con tal de ascender en la escala social, echan sus suertes en la seguridad y abandonan así la libertad.

¿Cómo afectaría esto los ideales, por decirlo de alguna manera, puros del progresismo teológico? Como para acercarnos a su preocupación en cuanto a ‘deslindarnos’ de un eventual giro hacia el progresismo del evangelicalismo

De una manera similar a como se ven afectados los ideales de la democracia, del socialismo. El primer desafío es difícil de contrarrestar: La sal se corrompe. Cuando nuestras banderas nos son arrebatadas, nuestra postura pierde legitimidad. Ahí es donde veo la relevancia del llamado al arrepentimiento, pues lo único que uno podría alegar es que el progresismo del conservador es espurio por no haber sido mediado por la autocrítica del arrepentimiento.

Un segundo desafío es, otra vez autocrítico: La pregunta difícil que indaga por las posibilidades que uno creó para que el antagonista se apropiara de nuestra agenda. Ahí funciona que nos preguntemos hasta qué punto nosotros mismos nos estamos educando para sentirnos en casa en un entorno fundamentalista.

En el fondo el cristianismo es conservador. Deja de serlo cuando va en la búsqueda del Evangelio. Es tan iconoclasta el Evangelio, que bien lo dijo un monje medieval: “Construir un mundo de justicia tal, que no se pueda defender”.

¿Y de los progresistas que están infiltrados criticando desde adentro?

Sólo he visto uno que alega hacer eso: Alex Chiang. Es triste confirmar las sospechas largamente sostenidas. Creo que prefiero a los Cañas de este mundo.

¿Preferir a los Cañas?

Prefiero eso a discursos acomodaticios como los de Alex , quien suele decir: “Yo no predico el texto, yo le predico al público”. Algo así como el diomedazo “me debo a mi fanaticaaaadaaaa…!”, pero a lo santo (y con buenos honorarios). Por eso digo que prefiero el discurso frontal de un Maldonado, a la parodia de quienes alegan cuestionarlos.

¿Entonces a su juicio es infertil el trabajo de aquellos que pretenden reformar desde adentro el evangelicalismo oficial?

Tiendo a ser pesimista. Ya lo comprobó Lutero: la iglesia no se reforma. Hay que reinventarla.

 

Por: David A Gaitán
Twitter: @dabycito
Facebook: DavidGaitanR

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s