¿Iglesia virtual? Anarquía liberadora

cristo-anarquiaOpinión. Desde hace varios años hacia acá, se ha vuelto común encontrar que muchas congregaciones cristianas se interesen en tener presencia en la web y redes sociales virtuales. Se asume casi como una obligación generar contenidos, devocionales, frases, e incluso, transmitir la reunión dominical a través de un sistema de broadcast de audio y/o video.

Esto ha ampliado el alcance de muchas comunidades, quienes brindan herramientas de avanzada para que su mensaje llegue a la mayor cantidad de personas posible, fidelizando aún más los seguidores de su filosofía, valores y declaración doctrinal. En palabras comunes evangélicas, su visión. Se actualizan las formas, pero el mensaje es el mismo.

Sin embargo, de igual manera la red de internet ha puesto al alcance de los más curiosos información que antes no estaba disponible, por haber sido censurada o por el simple hecho de no contar con la demanda en nuestros países debido a que se ignoraba, existía.

No puedo dejar de referirme a este ejemplo cuando abordo el tema. Uno de los institutos bíblicos más importantes en Colombia, el que quizás más obreros cristianos y obreros en el ministerio gradúa semestralmente, en su plan de estudios exige la lectura de un sólo autor, quien es el director de dicho instituto a nivel mundial.

Quizá los estudiantes y egresados de este centro de entrenamiento bíblico no encuentren problema en ello (lo cual ya dice mucho), pero a todas luces no es una práctica que sea digna de imitar; aunque sí muy común, en días donde el material de estudio bíblico y teológico de grandes iglesias en sus escuelas, células, reuniones y demás, proviene de una sola fuente, el pastor principal.

Es entonces cuando ante esta hegemonía, los medios alternativos y espacios de discusión teológica, doctrinal, de estudios, observatorios, revistas digitales, libros no comerciales, cine independiente, radio divergente, etc; se convierte en un oasis de consulta, información y formación necesarios para que la balanza de la fe mantenga su justo equilibrio entre la verdad institucional al servicio de los grandes grupos de masas y el pensamiento independiente.

De otro modo no sería posible. No nos habríamos enterado que hay vida teológica más allá de Rick Warren, con todo y lo paradójico que esta frase pueda resultar. En mi caso, no me hubiera enterado que había todo un mundo fuera de los feudos pentecostales, que se podía estudiar teología con los católicos, que hay más posiciones escatológicas además de la dispensacionalista; que en términos de soteriología había mucho que aprender y discutir.

Sí, porque cuando se es hijo de un sistema de fe tan radicalmente proteccionista y reduccionista, aislado y sectario, en donde cuestionar lo que diga el pastor o líder es sinónimo de cometer “deshonra contra la autoridad”, con las implicaciones de maldición que esto conlleva; literalmente se está en un estado tan ridículamente obtuso, que se ignora incluso lo más básico, como la existencia del calvinismo. Yo sé, lamentable, inverosímil, bizarro.

Así es que la educación se cuela por las grietas menos sospechadas. Una luz que se abre paso en medio de la oscuridad, por allá entre el año 2002 y 2005, cuando unos adolescentes curioseábamos en los foros Ekklesia Viva. Leíamos y atónitos nos enterábamos que algo no estaba bien.

Comenzábamos a indagar sobre ese algo más y nos sumergíamos en las muy acaloradas discusiones dizque teológicas. Lo eran para nuestras pequeñas y vírgenes mentes que apenas comenzaban a medio descubrir el mundo evangelicoide y sus secretitos sucios.

Vaya que este espacio influenció nuestra manera de entender el mundo que nos rodeaba, formó cierto criterio y carácter, agudizó nuestro olfato y nos enseñó a sospechar, a indagar y a generar interrogantes que entonces (y hasta ahora) no tenían respuesta.

Pero no fue lo suficientemente rudo como para poner en riesgo nuestro espíritu servicial (¿O servil?) hacia la institución y sus dogmas. Debieron entonces pasar varios años, casi una década, para que la bomba estallara en nuestra propia cara a través de la querida red social Facebook.

Ahora los culpables serían espacios como el Camino de Oz, una idea de dos chilenos que pusieron a conversar a todo un continente alrededor de temas de teología que cuestionaba los estándares que tanto nos daban certezas y seguridades.

Y allí comenzaron las noches de insomnio, de consulta, de googlear,  investigar, descargar PDF´s, leer ensayos y conocer gente que sí había estudiado, que tenía historia, que había aportado en mundos que ni nos imaginábamos existían. Era el paraíso del conocimiento, y como dijo el proverbista, entre más aprendimos, más dolor nos causaba.

Al comienzo leíamos tímida y anónimamente los temas que se planteaban. Nos embelesábamos con los debates rimbombantes y llenos de tecnicismos que no entendíamos, pero que nos obligaban a actualizarnos en la jerga teológica. De ahí pasamos a la filosofía, antropología, sociología, humanidades y otras ´ías´ que resultaban ser demasiado. Tanto, que hasta indigestión intelectual nos causaban, pero que nos dejaban picados, pensando, cuestionándonos.

Conocimos grandes nombres que comenzamos a adoptar como referentes de consulta, bibliotecas andantes, humanas, generosas; quienes invertían su tiempo y esfuerzo dialogando, explicando, debatiendo, enseñando.

Luego, con la misma timidez con la que leíamos al comienzo, nos lanzamos a opinar, aportar, comentar, embarrarla y equivocarnos en los mismos temas. Estábamos caminando y creciendo, era un tesoro frente a nuestras narices y los bolsillos no podían contener tanto.

Pero al mejor estilo de la Babel bíblica, ni la grán idea de  Zuckerberg  logró contener tanta diversidad. Los que no quisieron o pudieron abandonar sus dogmas, dejaron de aguantar a los más liberalosos. Una guerra fría entre posmos y fundas; y en el medio, nosotros, los sinnombre; los que no entendíamos que era hora que los papás se divorciaran y cada uno rehiciera su vida, entregándose a conversaciones más homogéneas, con personas que hablaban su mismo idioma y tenían su mismo sentir.

Así vino la gran explosión de Oz, la que dió a luz hijos e hijas; algunos bastardos, algunos con ínfulas de naturales, otros sin identidad, otros abortados antes de nacer. Mencionarlos llenarían de letras este libro de las crónicas de la anarquía eclesiástica virtual.

Pero nos repusimos y seguimos caminando, en ese mar de información que ya era un monstruo y que poco a poco nos fue abriendo los ojos, mostrándonos textos, presentándonos nombres, publicaciones, autores propios y extranjeros, luz y vida.

Entonces la rebeldía santa se presentó ante nosotros con espacios que ignorábamos de la manera más vergonzosa. Nos fascinamos con lo que aportaba la Fraternidad Teológica Latinoamericana FTL, el arduo trabajo de la Lupa Protestante, la inigualable Revista de Interpretación Bíblica Latinoamericana – Ribla, los esfuerzos del Grupo de Estudios Multidisciplinarios sobre Religión e Incidencia Pública – Gemrip, el Centro de Hermenéutica Bíblica Severino Croatto, entre otros.

Y una gran expresión de opinión crítica cristiana se sigue cocinando; todos hijos, nietos, e incluso provocadores de una honda que cada vez toma más espacio y crea nuevos escenarios, impactando más mentes que se cuestionan y cuestionan.

Entonces la teología se apropia del lenguaje sencillo y comienza a comunicarse en el barrio, con las palabras de la calle. Los textos académicos también protestan y se adaptan al ciudadano de apie, que no entiende de léxicos ni formalismos, ni idiomas, ni transculturas.

Así escenarios como La Conversación en Curso se dedican a traducir y poner en nuestras manos lo que están hablando los “gringos” por estos días, generando también una construcción teológica desde el fenómeno eclesiástico emergente.

Y la teología tomó forma de memes, dando a luz espacios como la Locademia de Teología, una crítica desde el humor, el sarcasmo y la ironía, la cual también reflexiona con aportes de todas clases de autores; desde los más experimentados, hasta los amateur.

Todo al mejor estilo de la predicción hecha en el 2002 a través de la pieza audiovisual “Prosumer”, disponible en la plataforma Youtube.

Este ha sido uno de los múltiples caminos que han arrastrado a muchos a obtener información no oficial, divergente y que a su vez, ha producido más pensamiento, crítica, estudio, análisis, teología y construcción de expresiones de fe relevantes.

Algunos alegan haber llegado hasta aquí gracias a espacios como Especialidades Juveniles, otros incluso han encontrado un lugar de expresión y completa comodidad en escenarios como la Coalición por el Evangelio.

En todo caso, mientras muchos ven en las redes sociales como Facebook, Twitter, Istagram, etc; una completa pérdida de tiempo, para algunos otros, estas han sido (y siguen siendo) herramientas valiosas de aprendizaje, opinión y crecimiento, tanto personal como intelectual. Nuestro propio escondedero Latinoamericano.

Por: David A Gaitan
Twitter / @dabycito

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