¿Cómo evangelizar a un Hinduista, Islámico o Católico? – Preguntas del Lector

religionAl recibir esta pregunta me dejé atrapar por lo complejo que resulta abordar la temática que plantea sobre la actitud que históricamente los cristianos hemos tenido frente a confesiones de fe diferentes a las nuestras. No es menos que interesante poder acercarnos al interrogante desde algunos escenarios comunes.

Y si de acuerdos con respecto al tema se trata, creo que uno de los más aceptados en diferentes denominaciones es el evangelismo como herramienta proselitista, en la que presentamos la a persona de Cristo y consecuentemente esperamos que nuestro interlocutor responda positivamente, afiliándose a nuestra iglesia y abrazando nuestra fe.

Así que la primera respuesta sería algo así como; predique el Evangelio, muestre a Jesucristo a través del texto bíblico, invite a la persona evangelizada a aceptar a Jesús en su corazón a través de la oración de fe, en caso que el evangelizado esté renuente, de su testimonio y luego invítelo a leer la Biblia mientras busca una iglesia para congregarse.

Esta estrategia tiene variantes; desde la oración pidiendo un milagro para la persona a evangelizar, hasta el uso de la frase bíblica arrepiéntete y cree en el Evangelio, seguido de la invitación a congregarse y a dar frutos visibles de arrepentimiento (esta última para quienes no creen en la oración de fe).

En todo caso, la cosa se comienza a complicar cuando las personas a evangelizar son activistas de alguna causa; desde una religión determinada, hasta el propio ateísmo, pasando por positivistas, científicos y filósofos. Esto hace que algunos cristianos busque herramientas apologéticas para ser cada vez más pertinentes en sus discursos y así conseguir adeptos.

Esta situación también ha despertado la curiosidad de un sector cristiano sobre el verdadero sentido y significado de la evangelización. Ha llevado a cuestionarse el aspecto meramente proselitista de la predicación laica, para poder acercarse a ella desde la óptica del Jesús histórico entendido como el objeto del texto bíblico.

Es entonces cuando la frase el nombre de Jesús toma dimensiones diferentes a las ya consideradas por el historicismo religioso en América; Pues si en su momento este nombre representaba una suerte de amuleto místico, el cual al invocarse traía consigo fenómenos sobrenaturales; para este sector minoritario, debería asumirse como la identidad de un hombre que trajo consigo una serie de comportamientos afines a sus discursos. Desde ese punto nace la consideración a las acciones y palabras del Maestro de Galilea, quien vino a hablar sobre el reino de los cielos.

En palabras del teólogo y pastor colombiano Jeferson Rodriguez, quien en su charla Qué es Evangelismo, presenta una propuesta sobre la pertinencia de la resignificación del compartir la Buena Nueva, diciendo; “El Evangelizar debiera presuponer una metanoia, esto es, una transformación en la mente y el comportamiento, una revolución permanente del ser a través del amor; entendiendo que el evangelizador es el más grande evangelizado y que el objeto de la Buena Nueva es Jesús, para entender su vida y que esa vida nos salve” .

Si se parte desde este contexto, el nombre de Jesús entonces debiera llevar al cristiano a vivir la vida que planteaba él, para entonces traer salvación (transformación) a las personas. Es entonces cuando la evangelización, más que palabras, discursos o predicaciones; son acciones que van en función del mandato establecido por el mismo Maestro de Galilea de amar a Dios y al prójimo; sirviéndolo, mostrando a Cristo, siguiendo el ejemplo de aquel que dijo que el Hijo del Hombre no vino a ser servido, sino a servir.

Entonces ya no se hace imprescindible el declarar un nombre a viva voz (el nombre de Jesús), sino que hacerlo a través de acciones, de la vida misma, y que esa vida, la nuestra, traiga transformación. Es abordar el tema del pecado no como una sentencia condenatoria; sino que a través del bien, influenciar a los demás a abandonar los malos comportamientos en detrimento del prójimo y de Dios, de esta manera, Jesús les habrá salvado.

Al final del día, en palabras del Galileo, la salvación es conocer al Padre y a su Hijo; siendo la iglesia la primera llamada a reflejar a Jesús a los demás en misericordia, gracia y amor; no en palabras huecas, sino hablando la Palabra de Dios, el Verbo Divino, quien es Cristo.

Esto trascendería a la religión, iría más allá del que se ha convertido en el fin primario del proselitismo, es llevar a las personas a Jesús, más que a una organización; es no quedarse con la forma representada por los dogmas, sino ir al fondo.

Por: David A Gaitan
twitter / @dabycito

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