Opinión: Si se defiende un derecho, que se defiendan todos

general palomino entrevistaEl asunto del General Palomino, el capitán de la policía y el ex viceministro del interior tiene muchos matices. Eso no se puede leer en blanco y negro.

En primer lugar, queda en evidencia el amarillismo del medio de comunicación, el cual no tiene el más mínimo respeto por la vida privada de una persona, quien dentro de las leyes colombianas, tiene derecho a tener la inclinación sexual que prefiera. La publicación del material audiovisual además de innecesario (no aporta al proceso), es a todas luces una violación al derecho de las personas a tener privacidad y pone en el escarnio público a una esposa, unos hijos, toda una familia.

De ahí no sabe uno qué es más indignante; si la exposición del material, o la burla del pueblo colombiano del mismo. Es lamentable que los ciudadanos nos mofemos de nosotros mismos de esa manera tan descomunal, ofensiva, destructiva, irrespetuosa, inmisericorde, con falta de amor. Basta ver los memes que se popularizan en internet sobre el asunto, para poder corroborar una vez más que de civilizados, no tenemos nada.

Si es que el material es probatorio, debió seguir el conducto decente que la justicia le trazó; debería ser de dominio exclusivo de la Fiscalía o Procuraduría y usado en el contexto de un juicio. Otra vez mostramos ante el mundo la deficiencia en los procesos judiciales y el emocionalismo de nuestra cultura alrededor de los mismos.

Este tema incluso se ha convertido en “comidilla” de algunas personas autodenominadas cristianas, quienes aprovechan la inclinación sexual de los implicados para lanzar juicios, burlas y unirse a la horda violenta que en vez de respetar, amar y buscar alcanzar para Cristo, son los peores verdugos  en medio de una situación no menos que dolorosa.

Por otro lado, no se puede negar que las denuncias son supremamente graves. Si el denunciante tiene razón, estamos ante un denigrante caso de prostitución y trata de personas, la esclavitud de nuestros tiempos.

Es reprochable a todas luces que una institución y algunos elementos dentro de ella se presten para cometer estos vejámenes. Atentan contra los Derechos Humanos dentro de un órgano que debería velar por ellos, degradan la naturaleza de la institución y evidencian la corrupción reinante en nuestras sociedades.

Desde todos los escenarios la iglesia debe condenar este tipo de comportamientos, dentro y fuera de ella. Debe ser la voz de quienes no la tienen. La violencia y cualquier clase de esclavitud va en contra del Evangelio, pero mientras se abandera una causa, debe hacerse lo mismo con la otra. No a la violación de la vida privada, no al abuso de ningún ser humano. Si defendemos una, hagamos lo propio con la otra.

Que las autoridades judiciales investiguen lo que es de su competencia, que den su veredicto y que sea transparente y decoroso; pero no son ni serán las vías de hecho el camino que recomendó Jesús.

 

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