¿Por qué no soy ateo?

ateismoEn un mundo globalizado y con acceso a la información como el actual, es fácil encontrar respuestas; muchas de las cuales dejan como resultado, la formulación de nuevos interrogantes. Para algunos creyentes, estar expuestos a informaciones teológicas, filosóficas, antropológicas, históricas, científicas, etc; ha significado el abandono de su fe, pues la racionalidad ha ganado sus batallas apologéticas internas. Esto, como resultado a que dichos interrogantes ´taladran´ lo más profundo de sus creencias, dogmas y teología propias.

Algunas de las más importantes mentes académicas e intelectuales, tanto dentro del cristianismo, como de grupos ateos y agnósticos, han concluido que la tarea de demostrar científicamente la existencia de Dios, es, no menos que improbable; por no decir que imposible. Por lo menos hasta ahora.

En este contexto, quise preguntar a algunos amigos creyentes, quienes hacen parte del escenario académico cristiano latinoamericano y han estado expuestos a este tipo de argumentaciones, el porqué a pesar de ser conscientes que no es fácil demostrar la existencia de Dios, siguen creyendo en él. He aquí sus respuestas.

Alvin Góngora

Alvin GóngoraEs Licenciado en Lingüística y Literatura de la Universidad del Quindío, Master en Estudios Teológicos de la Tyndale University, Toronto; Cuenta además con estudios Doctorales en Teología Política del Institute for Christian Studies, University of Toronto.

“Podría tomar las rutas fáciles y decir que no soy ateo porque cuando sobreviene la tragedia alzo mis ojos a los montes preguntándome de dónde vendrá mi socorro. O también esta otra, mucho más emocionante, sugerida por Einstein cuando le preguntó a un grupo de estudiantes de bachillerato si acaso no habían percibido la cercanía de lo divino al deslizar por vez primera sus manos a lo largo (y ancho) del muslo de la muchacha que tanta salivación les producía.

Pero entonces la reflexión moriría justo aquí, en este párrafo. De angustias y montes estoy rodeado, y en cuanto a muslos femeninos deseados… Quizás me es recomendable seguir otra ruta. La del poeta del sur, por ejemplo. Lo imagino en el desierto de Atacama de su nativo país austral preguntándose mientras la lagartija lo esquiva escondiéndose tras un pedrusco que lleva milenios tostándose bajo el sol:

“¿Dónde compra pintura fresca
la cola de la lagartija?”

Ateo él, y de los duros (hard core dirían los hispanohablantes vergonzantes que dominan el mercado hoy en día), mi poeta sigue discurriendo mientras arruga el rostro chupándose un limón bajo la canícula de las dos de la tarde:

“¿Cuándo aprendieron los limones
la misma doctrina del sol?”

Preguntas. Preguntas. La tentación de resolverlo todo. La alergia al misterio. Preguntas. Murallas mil que anuncian la vastedad de lo desconocido. Al lado de esa estepa ilímite luce tan mezquino el medio centímetro cuadrado que constituye la superficie de mis saberes!

Es allí, gracias a mi poeta ortodoxamente ateo, que vislumbro en su niebla “cubierto de nubes como una vestidura” al decir de otro poeta no sé cuántos milenios atrás, merodeador sempiterno de la pregunta, es allí, como te digo, que creo atisbar, si no a dios, sí a Dios. Lo acentúo con un muy vaticano nombre en mayúscula y le jalo la manga para pretender dizque dialogar con él, que también es ella, e incluso esto y aquello. Pues eso provocan las preguntas y su Dios: las ganas de que los interrogantes desgarradores de las entrañas se sienten a dialogar.
Por eso no soy ateo.
P.S.: La referencia es a Pablo Neruda y su poema ´Por boca cerrada entran las moscas´”

Cristina Conti

Cris Conti´Cris Conti´, como se le conoce en círculos virtuales, es teóloga Uruguaya del SITB y tiene un posgrado en Biblia de ISEDET; uno de los centros teológicos más importantes en América Latina. Conocedora de Griego Antiguo, Inglés, Francés e Italiano; es profesora de teología y fuente de consulta en países hispanohablantes. Esposa del fallecido teólogo Severino Croatto, padre de la teología contemporánea en las Américas.

“Fui criada como atea, ya que mis padres y abuelos lo eran. A los 11 años descubrí que Dios realmente existe, así que me hice creyente.

Dios es más real para mí que yo misma. No solo lo veo en casi todo lo que me rodea, y he experimentado su presencia y su cuidado, sino que además es mi Padre/Madre, que me ama y a quien amo.

Para mí, hay más que suficientes evidencias de que Dios es real, pero esas solo se pueden observar por medio de la fe. Si hubiera evidencias objetivas, no sería necesaria la fe, siendo esta la única forma de creer en Dios”

Juan Manuel Gómez

Juan Manuel Gomez SalazarEs profesor en Filosofía y Magister en Investigación social. Colabora en diferentes espacios de reflexión teológica y pastoral en círculos académicos en su natal Colombia.

“Para contestar la pregunta ¿Por qué no soy ateo? , prefiero hacerlo en sentido positivo, es decir, responder más bien el interrogante ¿Por qué soy creyente?. Para comenzar, quisiera aclarar que dichos argumentos no responden a un orden lógico o metódico al mejor estilo de las cinco vías de Santo Tomás, sino más bien a un orden anárquico, donde no hay ningún tipo de preferencia y donde las razones por cuestiones de practicidad (específicamente tres), no tienen por qué tener el mismo peso, incluso, algunos al considerarlas, estarán en su legítimo derecho de señalar cualesquiera de estas como invalidas.

En primer lugar, soy creyente porque precisamente existen los ateos. Es decir, si hay ateos, esto me enseña que definitivamente hay hombres y mujeres que pueden vivir sin la idea o el sentido que genere una profesión de Dios. De entrada, este presupuesto me señala que la idea de Dios no es (y no fue en mi caso particular) una imposición, Dios en ningún momento fue un coaccionante, más bien fue para mí una opción desde mi libertad, y desde esa libertad, caso contrario, otros optaron por no asumir dicha idea u orientación de vida. Creo en Dios porque sí, porque me da la gana creer en Dios, y eso no me hace ni más santo, ni mejor, simplemente me afirma como un ser libre, que en dicha idea acogida, logra encontrar sentido y un referente de vida.

Otra cuestión que afirma mi fe gracias al ateísmo, es su elevada concepción de la divinidad, a saber, que muchos ateísmos no son la negación de Dios por simple capricho, sino más bien por el problema que supone creer en Dios en relación a la carga de la injusticia, y especialmente al escándalo del mal, en donde sus expectativas insatisfechas (como bien lo atestigua la historia) devienen en decepción. Su negación no es tanto por pasión de ateísmo sino más bien por pasión de humanismo.

Esta postura ha generado en mí la decisión de una fe más audaz y el coraje de una existencia comprometida que hurga más allá de aquellas ideas perezosas que sobre Dios hemos elaborado o heredado. Los cuestionamientos y las objeciones de muchos ateos en lugar de ser tropiezo para mi fe, han sido paradójicamente depuraciones que la han consolidado. No debe un creyente escandalizarse por una campaña atea que abogue por la “muerte de Dios”, antes por el contrario, debe asumir dicha campaña como un proceso iconoclasta, en donde las imágenes que fabricamos y justificamos de Dios sean destruidas, rotas para no caer en idolatrías y fetichismos . “No te ocultes ni calles a ti mismo nada de lo que podría oponerse a tus pensamientos. Haz este voto que forma parte de la honradez exigible en primer término al pensador. Es menester que cada día hagas también tu campaña contra ti mismo“—F. Nietzsche.

Y una última razón que me surge a favor de mi creencia desde la increencia, sería considerar que más allá de la división entre “los que creen y los que no creen” (división bastante cómoda), estamos todos necesariamente atravesados de fe y de cierto grado de increencia- ateísmo. ¿Es que acaso no hay muchos ateos o increyentes que se han preguntado a veces: ¿Y si fuera verdad? He aquí un bello testimonio de la historia:

Entré en el Lager [campo de concentración] como no creyente, y como no creyente fui liberado y he vivido hasta hoy; es más, la experiencia del Lager, su iniquidad espantosa, me ha confirmado en mi condición laica. Me impidió, y todavía hoy me lo impide, concebir cualquier forma de providencia o de justicia trascendental: ¿por qué los moribundos en vagones de ganado?, ¿por qué los niños en las cámaras de gas? Debo admitir, sin embargo, haber experimentado, una sola vez, la tentación de ceder, de buscar refugio en la oración. Eso aconteció en octubre de 1944, en el único momento en el que llegué a percibir con lucidez la inminencia de la muerte: cuando, desnudo y apretado entre compañeros desnudos, con mi ficha personal en la mano, esperaba para desfilar delante de la “comisión” que, de una ojeada, decidiría si iría de inmediato a las cámaras de gas, o si en cambio era lo bastante fuerte para seguir trabajando. Durante un instante, sentí la necesidad de pedir ayuda y asilo; después, a pesar de la angustia, prevaleció la ecuanimidad: no se cambian las reglas del juego al final del partido, ni cuando se va perdiendo. Una oración en aquellas condiciones no solo hubiera sido absurda (¿qué derechos podía reivindicar? Y ¿de quién?), sino blasfema, obscena, marcada por la máxima impiedad de la que un no creyente es capaz. Borré aquella tentación: sabía que en caso contrario, de haber sobrevivido, hubiera debido avergonzarme de ello.” PRIMO LEVI (Italia, 1919-1987. Sobreviviente del campo de exterminio nazi de Monowitz, subalterno del de Auschwitz).

¿Y no es justo reconocer que hay momentos difíciles –en los que nos visita-sí, a nosotros también –la inquietud, la sospecha y la duda?

Allí, ante la huida de unos reclusos, otros tres, dos adultos y un niño, elegidos arbitrariamente, fueron condenados a ser ahorcados. Los mandos del campamento se negaron a hacer de verdugos. Tres hombres de las SS aceptaron ese papel. Tres cuellos fueron en un momento introducidos en tres lazos. ‘Viva la libertad’, gritaron los adultos. Pero el niño no dijo nada. ‘¿Dónde está Dios? ¿Dónde está?’ preguntó uno detrás de mí. Las tres sillas cayeron al suelo… Nosotros desfilamos por delante…, los dos hombres ya no vivían…, pero la tercera cuerda aún se movía…, el niño era el más liviano y todavía agonizaba retorciéndose en la horca… Detrás de mí oí que el mismo hombre preguntaba: ‘¿Dónde está Dios ahora?’ Y dentro de mí oí una voz que me respondía: ‘¿Que dónde está? Ahí está, colgado de la horca” ELIE WIESEL, sobreviviente del campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau, ubicado en Polonia, en su novela ´La Noche´.

Esto prueba que todos los hombres se parecen, que todos, sin excepciones, en ocasiones nos movemos entre el fideísmo y el ateísmo. Creer  no es tan evidente, y es bueno descubrir en nosotros mismos este aguijón, en todo ser humano se da la duda y la fe, y estas hacen honor a dos dimensiones casi  esenciales en el ser humano, y a su manera, aunque parezca paradójico en el caso del ateísmo, también hacen honor a Dios. Rehusarnos a escuchar al ateo, es renunciar a escuchar una parte de nosotros mismos y que en el peor de los casos queremos reprimir. Escuchar sus planteamientos puede ser ocasión  de una fragilidad expuesta, sin embargo, nadie debe avergonzarse de las propias, la vulnerabilidad y la fragilidad muchas veces son el precio de una necesaria transformación, que en el caso que nos convoca,  redundaría en una mejor forma de creer , una mucho más genuina y certera”.

Xiomara Núñez

XiomaraNúñezEs psicóloga hospitalaria en la ciudad de Tunja, Colombia; ha trabajado en Servicios de Atención Psicológicos universitarios, poeta y escritora.

“¿Por qué no soy atea?

Me parece que todos mis pensamientos circulan alrededor de Dios como los planetas lo hacen alrededor del sol, y son irresistiblemente atraídos por Él. Siento que sería el pecado más grosero si yo opusiera resistencia alguna a esta fuerza.” Carl Jung

Es una pregunta que entra en el ojo del huracán que hay dentro de mí y sólo puedo decir que me cuesta creer que no existe algo más. Creo que sólo estoy en la oscuridad de mi cuarto, caminando, tocando todas las paredes a ciegas con la esperanza de encontrar el interruptor de la luz. Eso es todo”.

Marco Antonio Meza

Marco Antonio MezaEste teólogo mexicano es Licenciado en Psicología por la UT y Licenciado en Teología por el Seminario Teológico Presbiteriano de México, tiene diplomados en Psicología Clínica, Tanatología, Conflictología y Sexualidad. Es escritor internacional de artículos y libros, reconocido como uno de los perfiladores y terapeutas psicogenealógicos de su país natal, ha sido catedrático de varias universidades privadas de la ciudad de Reynosa. Actualmente es el Director del Centro de Formación Integral CANAH “Un lugar de esperanza”, Formador de instructores, investigador de áreas de la salud y simbólogo.

“Cuando mi amado amigo David me formuló la pregunta, esta me pareció exquisita. Inmediatamente tuve muchos interrogantes en mi cabeza. ¿Qué es ser ateo?; ¿Realmente creo en Dios?; ¿Qué Dios? ¡Puf!, infinitas ideas llegaron a mi cabeza, pero la pregunta fue muy puntual ¿Por qué no soy ateo?

SIMPLE

A veces he dudado de que existe alguien allá fuera, o por lo menos que pueda existir. Que somos una casualidad; que no le veo, por lo tanto no existe.

Muchos de los ateos lo son porque es moda; sin embargo, el ateísmo es la ciencia que “No cree en Dios”, y por ende, no discute algo en lo que no cree, ni se desgasta, ni tiene el tiempo de debatir de eso, pues NO CREE.

Soy teólogo de vocación, de escuela de verdad, con griego, hebreo y latín; con hermenéutica y exégesis, y todas esas cosas de artes oscuras que me hacen o intentan hacer de mi psique un lugar en donde pueda creer y crear. Hace algún tiempo sufrí un estrago fuerte, al grado de la muerte interna. Mi espíritu estaba muy dañado y encontré a Buda en ese proceso, estaba enojado con Jesús, por ende no le hablaba, y en la Maestría en Religiones Compradas, conocí dos seres intensamente increíbles; uno fue Krisna (que me impactó), y el otro fue Buda (que cambió mi vida, o mejor dicho me cambio mi forma de pensar).Precisamente él fue el que sin querer, me llevó otra vez a los pies de Dios. Pero, ¿Cuál Dios es el correcto?

Pues no sabía qué hacer, entonces comencé sin prejuicios (o los menos posibles) a buscar a Dios en los textos; sin embargo, creo que no lo encontraba. Hallé todo lo que otros pensaban que era Dios, pero no a Dios mismo.

Continué la jornada y me encontré con la sabiduría de Krisna, el joven aquel que llamaba a pensar; con Buda aprendí a iluminarme, a despegarme de aquello que no está en mis manos y a ser feliz con eso que sí tengo, pero cuando me enfrenté a Jesús, las cosas cambiaron. Aprendí el amor a través del perdón y fue como un rayo de luz, porque en ello encontré la sabiduría y la iluminación y entonces, me dije ¡Claro que existe Dios!

Entonces lo veo en la sonrisa de mis hijos, en el calor de la pareja, en la discusión con los que amo y en el abrazo tierno de un bebé. Lo veo en los animales cuando cantan, bailan o mueven sus colitas, lo veo en los ojos de aquel Padre o Madre que cansados del trabajo llegan a jugar con sus hijos que los esperan simplemente para abrazarlos.
Lo veo en mis alumnos, en la esperanza de un mundo mejor.

Mucho que decir; ¿Por qué no soy ateo? SIMPLE

Sí Dios no existe, en vano son las palabras que digo, porque dentro de mí se mueve un Dios que es genial y al que agarro a besos todos los días”.

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Un comentario en “¿Por qué no soy ateo?

  1. https://polldaddy.com/js/rating/rating.jsVaya es increíble este es el blog mas mente abierta y libre pensador que he visto…
    felicitaciones, aunque debo decir que los ateos no se dejaran llevar nunca por disparatadas religiosas como “te vas a quemar en el infierno” y eso, lo mejor que haría un creyente es ser abierto tolerante no digo que sea pluralista NO, simplemente debemos abrirnos siempre dije si somos tolerantes y abierto siempre terminamos no cambiando nuestra forma de ser simplemente por que de mostrar argumentos y razones aún como bueno y respetuoso que somos no tendremos conflicto interno o una disognancia cognitiva a diferencia de un religioso,burlon, y atacador depende del nivel de emocion tiende mas facil a dejarse llevar o renegar.

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