Cuando una esposa muere y el único camino es continuar. Entrevista con el pastor Juan Córdova

Pr CordovaÉl es un reconocido ministro reformado de la ciudad de New York. Su trabajo trasciende de la iglesia local que fundó y pastorea por más de dos décadas allí, pues a través de su arduo trabajo en internet y redes sociales, ha logrado aconsejar y acompañar a cientos de matrimonios cristianos alrededor del mundo a través una comunidad llamada “Clínica de Consejería Matrimonial”. Quienes pertenecen a esta, semana a semana reciben ayudas bíblicas para llevar un hogar saludable y que le de la gloria a Dios.

Pero su trabajo pastoral de los últimos años ha estado enmarcado por la más cruel ironía, la pérdida de su esposa hace doce años en un accidente automovilístico, lo cual ha sido el reto más grande al momento de restaurar su familia y ministerio, pues, una ausencia como esta, sin duda alguna mueve el pilar más importante de cualquier ministro, el hogar. En su caso, era hermoso, compuesto por su amada compañera y tres hijos; Yazmine, Juan Marcos y Daniel.

Nacido en Santiago, República Dominicana y habiendo conocido al Señor Jesús a través del pastor Andres Senquiz, en una pequeña iglesia del sur del Bronx en la ´Capital del Mundo´ a los 17 años; este sencillo pastor, quien además cuenta con formación teológica del “Instituto Panamericano de las Asambleas de Dios”, el “Seminario Teológico de Nueva York” y el “Instituto Oasis” de Miami y quien desde la sala de su casa y acompañado de 4 mujeres y tres niños, iniciaría el lugar de servicio al Señor que hoy mantiene; quiso hablar conmigo y recordar una de las pruebas más grandes de su existencia.

¿Cómo era su vida antes del accidente?

Estaba felizmente casado con mi esposa Laura. Antes de ser ordenado al ministerio, por unos años le decía que al cumplir los 55, me jubilaría de mi trabajo secular e iniciaríamos un ministerio en Inglés en otro Estado. En el 2000, compramos una casa en una bella colina en el Estado de Pensilvania. Laura amaba su casa, la naturaleza y las amistades que hacía, las cuales fueron invitadas para orar  y estudiar la Palabra. Pero los caminos de Dios no son los nuestros, lo inesperado aconteció antes de  jubilarme de la compañía eléctrica que me empleaba y antes de poder cumplir los sueños prometidos.

¿Cómo vivió el accidente?

Fue el 14 de abril del año 2002.  Recuerdo ese Domingo de culto. Mi esposa Laura dirigió a los niños en unos coros y después prediqué, luego tomamos la Mesa del Señor. ¿Quién podría pensar que esa sería su última cena y la última vez que ella vería a sus amados hermanos, congregándose con ellos?. Después de la reunión regresábamos a nuestra casa en Pensilvania,  a 90 millas de ´la capital del mundo´.

Nos acostamos alrededor de las 10:00 pm. Al día siguiente yo regresaría a mi trabajo en Nueva York, por lo cual, deberíamos levantarnos alrededor de las 4:00 am; pues el autobús me recogía a la 4:30 am, a una milla de la casa.

Toda la noche había estado lloviendo, nos levantamos y nos preparamos tomando nuestro auto. Ella conducía, pues me dejaba en la parada de autobuses. Salimos a las 4:25 am, un poco tarde, pero el viaje solo tomaba 3 minutos.

Aún estaba lloviendo un poco y había mucha niebla. Bajamos la ´cuestecita´ a un minuto de la casa. Al doblar a la izquierda, solo vi las luces de un camión color verde de basura, el cual tocó la bocina fuertemente. Este nos impactó lanzándonos a la derecha. Yo podía oler el líquido del rallador; las llantas delanteras se quebraron, al igual que el cristal del frente.

Nuestro auto quedó pequeño por un lado en un poste de luz. Grité ¡Laura, Laura!; con voz quejosa dijo “si”, le dije, “dame el teléfono de la vecina”, pero cuando intenté sacar el aparato, me pregunté, “¿Dónde está mi brazo izquierdo?”. El chofer gritaba ¡Ay Dios mío,  Ay Dios mío!; ¿Están bien?. Vi las luces de la policía y el cuerpo de bomberos.

En el hospital, dos horas después, supe que me fracturé el brazo izquierdo y tres costillas. Un helicóptero aterrizó cerca de la escena del accidente. Laura fue sacada y traslada a otro hospital.

El grupo de rescate tuvo que romper la puerta con una sierra  eléctrica  y me sacaron en una camilla. El camión de  basura nos impactó aproximadamente a las 4:27am. Yo no perdí mi conciencia ni un minuto. Llegué al hospital aproximadamente a las 5:10 am.

En mi ignorancia pensé que como yo estaba relativamente bien, mi esposa también lo estaba. Como a las 6:10 am, veo que se vienen acercando tres personas, entre las que estaban una mujer y dos hombres. Me preguntan, “Señor Córdova ¿Cómo se siente?”;  -“Con mucho dolor”, respondí;  “¿Y mi esposa, cómo está?”;  Uno de los médicos me dijo: “Lamentablemente, ella falleció”.

No se puede describir lo que yo sentí y aún siento cuando escuché y recuerdo esas palabras. En aquel momento, estas personas se retiraron y me dejaron solo, pensé que el mundo había llegado a su fin. Lloré y lo único que salió de mi boca fueron estas palabras, “Jehová dio, Jehová quitó; sea su nombre bendito”. La mujer de mi juventud, después de 25 gloriosos años de casados, fue llevada a la presencia del Señor. ¿Por qué? Porque Dios es Soberano, y Él es el Alfarero y hace lo que le place con sus criaturas.

¿Qué fue lo más difícil para usted?

Lo más doloso para mí, fue tener que decirles a mis hijos que venían de camino desde Nueva York, que su querida madre había fallecido.

¿Cómo le cambió la vida el accidente?

Muchísimo. Yo pensé que jamás podría continuar mi pastorado sin ella. Sin embargo, El poder de Dios es fuerte sobre mí, en medio de mis tribulaciones. He continuado en medio de la tristeza y soledad, sólo porque su diestra me ha sostenido.

¿Y sus hijos?

La mayor ya estaba casada, ella pudo superarlo con ayuda de su esposo, con mis dos hijos varones, nos refugiamos en el Señor, ellos acudieron a terapia. Dios bueno.

¿Cómo fue el proceso de recuperación (física, emocional, espiritual)?

El proceso de recuperación duró 7 meses. Terapia física, emocional. Los médicos me dijeron que mi brazo izquierdo quedaría muerto porque ciertos nervios fueron fragmentados, que podía intentar una operación tomando nervios de otra parte del cuerpo. Me dieron cita para ver un experto en Nueva York.

Oré a Dios y dije “No iré a esa cita, haré terapias de ejercicio; ¡ayúdame Oh Señor!”. Después de tres meses,  comencé a sentir sensaciones poco a poco y mi brazo fue completamente restaurado. La fobia de conducir fue también superada.

¿Cómo superar algo de esta índole?

Orando. Una iglesia aquí en Nueva York y otras en diferentes partes del mundo se unieron conmigo dando gracias. No se debe cuestionar a Dios; las pruebas se superan alabándole. Dios es Soberano.

Estas pruebas me ha ayudado a aconsejar a docenas de personas en mi labor pastoral  para que vean que podemos sacar “fuerza de la debilidad” y así no desperdiciamos nuestros sufrimientos, sino que le damos la Gloria a Dios por todo. Amén.

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