¿Se debe restaurar ministerialmente a quien cometió adulterio? Entrevista con Tommy Moya

Tommy MoyaCon una actitud mesurada y después de 5 años de restauración familiar, conversé con el pastor Tommy Moya sobre su proceso y la devastadora consecuencia que significó para él haberse visto envuelto en el pecado de adulterio.

En esta sentida entrevista, desnuda su corazón con nuestros lectores y expone unos interesantes puntos frente al manejo que se le debe dar a este tipo de situaciones dentro de la Iglesia cristiana, el divorcio, la restauración y la restitución.

¿Qué tan trágico es verse involucrado en adulterio?

Cada vez que sucede una ruptura matrimonial como en el caso de nosotros por un pecado de infidelidad, las consecuencias son funestas. Es este un proceso complejo, difícil e intenso que requiere la ayuda de personas capacitadas para que uno pueda manejar las complicadas situaciones que se desatan alrededor de la familia. No se puede suavizar el hecho que este tipo de pecado en cualquier matrimonio es extremadamente dañino.

¿Es mejor aceptar que el Espíritu Santo es suficiente o es necesario contar con ayuda profesional?

El Espíritu Santo es suficiente, pero a él le place usar gente. Es la voluntad de Dios ayudarnos a través de alguien más. La misma evidencia del Cuerpo de Cristo nos da la razón porque nadie tiene en sí mismo todos los dones que va a necesitar para hacer lo que el Señor ha dicho; en determinado momento necesitamos la Palabra de consejo, de asesoría y de dirección, provenientes de otras personas que tienen ese mismo Espíritu Santo que yo tengo.

¿Cómo fue el proceso vivido dentro de la familia para poder superar esta situación?

Una vez yo confesé públicamente mi pecado, renuncié al pastorado para entregarme a un proceso de restauración de dos años. A las dos semanas de mi confesión pública, fuimos a un  centro de ayuda terapéutica que está especializado en líderes y pastores; Este se llama “QuietWaters” por su nombre en inglés, el cual se encuentra ubicado en el Estado de Colorado, en los Estados Unidos ; allí acudimos mi esposa y yo, en donde recibimos ayuda de terapistas especializados que nos brindaron las herramientas necesarias para poder manejar lo que todo esto significaba. Al cuarto día de nosotros poder estar allí, nuestro matrimonio se reconecta y comenzamos entonces a vivir lo que el proceso de restauración exigía; porque una cosa es haber decidido mantenernos unidos en matrimonio y otra es lo que el proceso va a presentar para poder superar los temores, las dudas, las inseguridades  y la desconfianza que se genera por este tipo de conductas.

¿Es necesario que se exponga públicamente cuando un pastor ha tenido este comportamiento o es mejor guardarlo confidencialmente?

Los dos caminos son correctos, cada situación es individual y no hay una forma exclusiva de hacerlo. Cuando este pecado se ha producido a escondidas, a veces se ocultan las consecuencias y  al hacerlo, quien lo ha cometido eventualmente puede volver a reincidir. Así mismo, a veces cuando se descubre este tipo de acciones, la gente no entiende; entonces cada determinación tiene que ser tomada basándose en la convicción  que uno tiene al momento de cuál debe ser el proceso al seguir.

En mi caso, al ser yo un personaje público y al afectar a varias personas, confesé a la iglesia y a la opinión en general lo que había hecho en secreto y me entregué a la misericordia de Dios. Escarnio, mentiras que se dijeron, situaciones infladas que se hablaban en los pasillos, cosas que no eran verdad, cosas que eran verdad; fueron parte de lo que yo provoqué por causa de mis errores, por lo tanto asumí la responsabilidad no solamente de lo que hice, sino de lo que sucedió después de eso.

¿Qué fue lo más difícil para usted en el proceso?

Ver el dolor que causé a mi esposa, a mis hijas y a la gente. El haberle fallado a Dios nunca estaba en mi agenda; yo no me levanté un día  a decir: “hoy voy a caer y a echar a perder todo lo que me ha tocado trabajar durante 20 años”.

Hay casos que terminan en divorcio, incluso hay ministros y pastores que aconsejan tal salida; ¿Qué posición toma usted desde su experiencia frente a esta alternativa?

Tanto la restauración matrimonial, como el divorcio deben ser considerados; y ambos, pueden ser salidas correctas a este tipo de problemas. En mi caso, nosotros decidimos restaurar, pero esto requiere dos voluntades; por lo tanto, si una voluntad quiere y otra no, entonces es bien difícil que ese matrimonio se pueda levantar de nuevo.

El matrimonio está compuesto por dos voluntades, no de una sola y si alguna de estas dos voluntades no quiere ser parte del matrimonio, no quiere decir que se va a divorciar de la noche a la mañana; pero sí se tiene que trabajar con su situación de una manera diferente a una pareja que tiene un compromiso de restaurarse.

Decir que una pareja deba divorciarse o no es muy complejo porque cada situación es individual y se puede juzgar basado en lo que la pareja y lo que sucedió representa y significa para ellos.

Hay cristianos que están de acuerdo con una restauración personal en un caso como el suyo, pero no con la restauración ministerial; ¿Por qué restaurar al ministro en su trabajo eclesiástico?

No soy yo quien debe decir qué creer o qué no creer. Yo solo me pregunto, ¿Quién llevó a una persona al ministerio?; nunca he visto a un hombre que llame a otro al ministerio, los hombres reconocen los ministerios de Dios; el Señor es el que llama; entonces si el llamado viene del cielo y Dios quiere un día volverte a poner en el lugar en donde habías estado antes, ¿Quiénes somos los otros hombres para decirle a Dios que no lo puede hacer?, por lo tanto, cada cual debe evaluar lo que piensa o lo que cree, pues si nosotros calificáramos por lo que no hemos hecho, o por lo que sí hemos hecho al ministerio, no dependería del Señor, sino de nuestras obras.

Usted usa la palabra juzgar, ¿Cree que los cristianos debemos juzgar?

Definitivamente. La Biblia nos exhorta a que juzguemos aquellas actitudes y comportamientos que puedan ser nocivos. Para esto no debemos olvidar que juzgar no es lo mismo que condenar; por lo tanto yo puedo juzgar; en otras palabras, yo puedo crear o hacer una determinación  fallida o a favor de una acción, pero no condenar a una persona que es posible, Dios perdonó.

¿Sigue frente a la iglesia o está solamente como ministro itinerante?

Nosotros renunciamos hace cinco años atrás a nuestro pastorado en el Centro Cristiano de Restauración y no estamos allí frente a la iglesia. Sin embargo, estamos sirviendo en la Red Ministerial Apostólica RHEMA como parte del Presbiterio Apostólico.

¿Cuál es el libro que está presentando?

Caer no es la sentencia final. Una familia y cuatro historias del poder del perdón y el amor incondicional.

¿Con estas publicaciones no se promueve de alguna manera la ´caída´?

El texto Bíblico dice: “Siete veces cae el justo y siete veces se levantará”; esto no es promover la caída, caer es indicar que no es la sentencia final. Es mejor no caer, pero si caíste no es tu sentencia final porque Dios restaura al que cae.

Imaginémonos que si la restauración no fuera posible, la Biblia solo tendría 4 libros porque entre Génesis y Apocalipsis todo es restauración, entonces contaríamos con Génesis 1 y 2 y Apocalipsis 20 y 21.

Un consejo a quienes  están en peligro de caer, o ya están inmersos en pecado sexual

Lo primero que hay que entender es que el pecado produce placer, pero un placer temporal. La Biblia lo llama los deleites del pecado; entonces aquello en lo que te deleitas es lo que te va a matar y lo que te va a causar una destrucción en tu vida, familia y ministerio. Busca apartarte de tu pecado cuanto antes, pues al pasar el tiempo abrirás los ojos y te darás cuenta que lo que estás haciendo causará el mayor dolor de tu vida.

*** Entrevista realizada para el Periódico Valores Cristianos, Edición 190 (Bogotá- Colombia)

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