Un ex secuestrado cristiano habla de paz

Jose Luis AnayaEl ingeniero José Luis Anaya es un exitoso consultor en el campo energético, prestando su conocimiento al servicio del desarrollo en esta materia en Colombia. Cristiano por convicción, esposo y padre; este cálido hombre ha vivido en carne propia la dureza de la guerra en nuestro país, tras su secuestro por la guerrilla en el año 1994, mientras ejercía como Gerente de la Electrificadora del Caquetá.

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“Fui secuestrado por el frente 14 de las FARC por un tiempo de 3 meses y unos días. Estuve al cuidado de dos grupos (uno cada 45 días), conformado cada uno por un líder y 12 muchachos entre los 14 y 20 años de edad”, recuerda el ingeniero, quien manifiesta que su experiencia le ayudó a amar más nuestro país y orar por quienes sufren la violencia.

“Estuve amarrado a un palo durante 3 semanas y solo podía moverme hasta unos dos metros a la redonda. Ahí mismo era el sitio de dormida, no me bañé ni me pude cambiar la ropa durante 3 semanas, que fue el tiempo en que me dieron un pantalón, una camisa, y un par de botas. Recuerdo que la primera semana nadie quiso hablar conmigo, solo me daban las 3 comidas y se retiraban a más de 30 metros a conversar entre ellos y a escuchar vallenatos.

Me colocaron muchas inyecciones para calmar el gran dolor de rodillas por las largas caminatas en pleno verano. En principio, estas eran de noche; me caía y golpeaba mucho, luego fueron de día pero muy largas. Durante el secuestro perdí 18 kilos.

Con el transcurrir del tiempo, pude hablar con los muchachos, ver y sentir que también ellos son personas que están allá por diferentes motivos ocurridos en sus vidas. Recuerdo al más joven; un chico de 14 años quien tuvo que presenciar la muerte de su padre a tiros y de su mamá a machete, no teniendo otro camino que refugiarse en la guerrilla. Otro que se hacía llamar Samuel, cayó por engaño en el tráfico de droga y cuando lo iban a coger, huyo también al monte. Pude conocer que cada guerrillero es también una persona con problemas cotidianos, huyendo de ellos buscando una solución a sus vidas. Hoy entiendo que son muchachos que nunca han experimentado el amor, no vivieron la infancia de un niño normal y la violencia ha sido su compañera siempre”; reflexiona este ingeniero, quien hoy día sirve en su iglesia local, respaldando el ministerio matrimonial.

En medio de la dura situación, también durante su cautiverio tuvo la oportunidad de servir a quienes tanto daño le habían hecho al separarlo de su familia. “Recuerdo que con el fin de hacer algo para acortar las largas horas, les enseñaba a mis captores a leer y a escribir. A otros, las tablas de multiplicar y a dividir por una cifra. Se sentían muy contentos de poder hacer una cuenta, así fuera con los dedos. El más joven aprendió a leer las palabras ´mamá y papá´, demorándose una semana en eso. Enseñarles me sirvió para acercarme a ellos y preguntarles si algún día querían dejar el monte y hacer algo; ellos me respondían que sí. Unos querían manejar volqueta, otros ser celadores, otros obreros”, cuenta.

En medio de su situación, solo atinó a ´rezar´ y prometer que si Dios lo sacaba de allí, le serviría toda la vida. Promesa que se hizo realidad desde el año 1998, tras entregar su vida a Cristo y congregarse, para iniciar un amplio tiempo de servicio.

“Creo (con el debido respeto de otras opiniones), que Dios nunca antes había mostrado tanta bondad con Colombia para terminar una guerra que solo ha dejado muertes, mutilaciones, odios, injusticia social, pobreza, incertidumbre y duda en muchos que no creen en los diálogos como salida al conflicto. Recordemos que lo que las partes negociadoras acuerden, nosotros como pueblo debemos refrendarlo en las urnas”, manifiesta al dar su respaldo al actual proceso de paz en la Habana. “Los cristianos decimos creer en Cristo, y de hecho Él es el ´Príncipe de Paz´, pero por las opiniones y contenidos de las redes sociales, he podido concluir que muchos están opinando por tinte político, intereses, por las encuestas, por las posiciones de los medios, en fin; hasta han dicho que los brujos ganaron esta vez; sin embargo, creo que los cristianos debemos rodear al presidente en oración, para que este proceso de acuerdo de paz sea de bendición para nuestro país. Los que hemos vivido la guerra, sentimos de otra manera (real) la necesidad de darle fin al conflicto armado, pues sabemos muy bien que la paz viene desde casa y desde nuestro corazón” concluye.

Publicado en el Periódico Valores Cristianos, Edición 186; Bogotá, Colombia

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